La historia del Grupo Zeta y de su fundador: Zeta, una letra para la libertad

En febrero de 1976, en España, la democracia era tan nueva que todavía no había llegado. Hacía apenas tres meses desde la muerte del dictador Francisco Franco. Muchos esperaban con ilusión el advenimiento de esa democracia tan anunciada, pero otros, más emprendedores, decidieron traerla cuanto antes. Entre ellos, Antonio Asensio Pizarro, por entonces un joven que no había cumplido 30 años y que, con la libertad y su arrojo como aliados, iba a revolucionar la prensa y los medios de comunicación de un país decidido a progresar y cambiar. Fue un editor con alma de redactor jefe.

Por Jesús Rivasés y Alfonso S. Palomares

Antonio Asensio, entonces, solo tenía 28 años, pero también tantos proyectos como entusiasmo y audacia. Heredero de una pequeña imprenta familiar por el prematuro fallecimiento de su padre, Carmelo Asensio, aquel joven, además de ser impresor, soñaba con ser editor. Durante el servicio militar conoció a otro barcelonés recién licenciado en Derecho, Francisco Matosas, con el que nació una amistad que se transformó en una colaboración permanente a lo largo de los años. Había hecho trabajos de impresión y fotocomposición para el Grupo Mundo, un pequeño imperio editorial catalán, que controlaba Sebastián Auger, ya entonces en decadencia y que se derrumbaría con estrépito. Para Asensio aquello apenas era un pequeño paso en su camino. Había trabado amistad con Jerónimo Tarrés, gerente del Grupo Mundo, que también quería cambiar de aires. Tenía una oferta atractiva de una agencia de publicidad, pero prefería trabajar en el mundo editorial antes que en la publicidad. Por eso, Asensio no tardó mucho en convencerle para iniciar un proyecto común. Tarrés planteó integrar en el dúo a José Ilario, un imaginativo diseñador gráfico de Bruguera que, además, era el propietario de la cabecera de varias revistas.

Avanzaba el invierno de 1976, y el siniestro Carlos Arias Navarro, desde la presidencia del Gobierno, maniobraba para perpetuar el franquismo sin Franco. Y para lograrlo, no dudó en utilizar los instrumentos que tenía a su alcance, especialmente las leyes de la dictadura que permitían, con fórmulas variopintas, reprimir la libertad de expresión, que era uno de los auténticos quebraderos de cabeza de un hombre aferrado al legado del dictador. La maquinaria de Estado se puso en marcha y se multiplicaron los secuestros –retiradas de la circulación– de una larga nómina de publicaciones, incluidas algunas tan históricas como La Codorniz, a lo que había que añadir las multas y procesamientos a medios de comunicación y sus directores, algo que de lo que no se salvó ni el mismísimo diario ABC. Los oficios de editor y de periodista eran, sin duda, una profesión de riesgo.

La democracia todavía parecía un sueño lejano, Adolfo Suárez era un desconocido –para la mayoría de ciudadanos- ministro Secretario General del Movimiento y, por supuesto, no existía en el horizonte una fecha para la celebración de elecciones libres. Santiago Carrillo y el PCE eran ilegales en España y Felipe González y Alfonso Guerra dirigían el PSOE desde la clandestinidad. No es historia antigua, es lo que ocurría en España hace tan solo cuarenta años, un país en el que para promover un proyecto periodístico y de comunicación moderno, y sobre todo con la bandera de la libertad como enseña, era necesario «tener lo que hay que tener». Tom Wolfe no inventó el nuevo periodismo. El americano, sin embargo, un caballero del sur de Estados Unidos, de Richmond (Virginia), que vestía trajes blancos en Manhattan como provocación, también tuvo «lo que hay que tener» para ponerle nombre, para definir, en los años setenta del siglo XX lo que, sin rodeos, es puro periodismo. Muchos años después, y a partir de 1999, Ediciones B, una empresa del Grupo Zeta, editaría las novelas de Wolfe en exclusiva para España. Pero bastante antes, al principio del último cuarto del siglo XX, Antonio Asensio también tuvo lo que hay que tener, que sobre todo era visión y coraje, para inventar e impulsar en España el nuevo periodismo, que no era más que periodismo independiente y libre.

Antonio Asensio Pizarro fundó el Grupo Zeta en 1976.

Lo que hay que tener

El Grupo Zeta nació el lunes 1 de marzo de 1976, en la notaría barcelonesa de Lorenzo Valverde Galán. Allí, tres socios, Antonio Asensio, Jerónimo Tarrés y José Ilario firmaron la constitución de Ediciones Zeta, S.A., que nacía con un capital de 500.000 pesetas de la época, 3.000 euros, que equivaldrían a algo menos de 30.000 euros de hoy. Asensio aportó la mayoría, el 60% (300.000 pesetas, unos 1.800 euros); Jerónimo Tarrés desembolsó un 20% (100.000 pesetas, unos 600 euros) y José Ilario suscribió el 20% del capital restante y lo hizo con la aportación de las cabeceras Liberty, Lib, Interview –con la grafía «w», que con el tiempo sería castellanizada- y OK, que eran de su propiedad y fueron valoradas en conjunto en 100.000 pesetas. Allí mismo también se designó el primer consejo de administración, que quedó integrado por Antonio Asensio como presidente, Jerónimo Tarrés como consejero delegado y José Ilario como secretario. Los tres socios tenían prisa y se pusieron a trabajar inmediatamente en un local del número 151 de la barcelonesa Vía Layetana. Todo fue bastante rápido. La primera publicación de Ediciones Zeta fue Diccionario Político y, días después, apareció OK, una revista dirigida al público joven análoga a algunas que tenían un éxito notable en Francia.

Zeta había arrancado, pero todavía de la mano de dos publicaciones menores para las aspiraciones y esperanzas de aquellos jóvenes mosqueteros de la edición, que no tardaron en volver a actuar y, ahora sí, con contundencia, porque el 22 de mayo de 1976, la revista Interviú, ya con la cabecera castellanizada, llegó por primera vez a los quioscos y con Interviú la revolución editorial. Carlos Arias Navarro era presidente del Gobierno. Faltaba todavía casi mes y medio para que el rey don Juan Carlos impulsara la dimisión del hombre que ensayaba un franquismo sin Franco y de que el 6 de julio nombrara a Adolfo Suárez para que pilotara la transición a la democracia. Pero entonces, el originario Grupo Zeta ya estaba ahí, con Interviú convertido en un éxito fulgurante en los quioscos y con la bandera de la libertad desplegada cuando para hacerlo era necesario, sobre todo, «tener lo que hay que tener».

Hoy, apenas cuarenta años después, aquella pequeña empresa, poco más que un proyecto entusiasta de Antonio Asensio Pizarro y sus dos socios, es uno de los grandes grupos multimedia españoles de la comunicación, encabezado por Antonio Asensio Mosbah –la siguiente generación de la familia Asensio- que factura unos 200 millones de euros al año (33.000 millones de pesetas, que contrastan con las 500.000 pesetas del capital fundacional), en el que trabajan 1.250 personas en España, Europa e Iberoamérica y que está organizado en cinco grandes unidades de negocio: Prensa Diaria, Revistas, Libros, Área Digital y Servicios). Todos los días seis diarios de información general y un deportivo del Grupo Zeta, con una audiencia de 1,3 millones de lectores, acuden con puntualidad a su cita con los quioscos, a los que se unen 14 revistas –cinco de ellas semanarios–, con dos millones de lectores. Además, Zeta está presente, y en permanente expansión, en el universo digital en el que sus diferentes publicaciones electrónicas suman ya un total de 13,4 millones de usuarios únicos. La actividad del Grupo Zeta hoy se completa con la distribución de películas y otras actividades de comunicación, entre las que destaca la edición de 50 publicaciones corporativas «on» y «off», así como con tres plantas de impresión propias, una distribuidora y una exclusiva comercial que gestiona la publicidad de los medios propios y externos. Zeta Audiovisual, una productora de cine y televisión, que a su vez tiene una filial, Zeta Cinema, y que desde 2008 está detrás de algunos éxitos cinematográficos como Mortadelo y Filemón, Tres metros sobre el cielo o Tengo ganas de ti, completa el perímetro de actividades de comunicación del Grupo Zeta. Es decir, el sueño de un emprendedor, Antonio Asensio Pizarro, convertido en realidad y ahora pilotado por su hijo Antonio Asensio Mosbah, que protagoniza con éxito el reto del tránsito –todavía en marcha- entre el pasado y el presente del periodismo y la comunicación analógica hacia un presente y sobre todo un futuro digital.

Aquella película de Gavras

El origen de la elección de «Zeta» para dar nombre a una nueva editorial de tres jóvenes socios se pierde en la leyenda del Grupo. La versión más extendida y aceptada, más allá del buen sonido fónico de la última letra del alfabeto, la relaciona con el título de una valiente película griega dirigida por Constantino Costa-Gavras y basada en una novela del mismo título de Vassili Vassilikos. La protagonizó Yves Montand y el guión lo escribió Jorge Semprún. En España, a pesar del éxito que consiguió en todo el mundo, fue prohibida por la censura franquista en 1967. Para muchos «Z» era símbolo de libertad o significaba libertad, aunque Vassilikos quiso darle el significado de «él vive» y se refería al diputado griego Lambrakis, asesinado en 1963 en Salónica por miembros de la ultraderecha policial y militar.

Los créditos de la película explican que cualquier parecido con acontecimientos reales, personas vivas o muertas, no es fruto del azar voluntario. La música era de Mikis Theodorakis y la película, fruto de una apertura poco más que ñoña tras la muerte de Franco, se proyectaba en los cines españoles cuando en febrero de 1976 Asensio y sus socios preparaban su empresa y les sirvió de inspiración. Años más tarde, cuando le preguntaron a Asensio por las verdaderas razones de haber escogido Zeta para su proyecto, el editor respondió que habían barajado otros nombres –nunca dijo cuáles– pero que decidieron quedarse con Zeta por varios motivos, pero sobre todo por lo que evocaba la película «Z» y su identificación con la libertad.

Diccionario político y OK fueron los dos primeros productos de Ediciones Zeta, pero en la práctica el gran proyecto de Asensio y sus socios, de Zeta en definitiva, empieza con Interviú, el semanario que desde su primer número significó toda una revolución periodística, pero también social en la España que intentaba quitarse de encima el franquismo y caminar hacia la libertad. El semanario nació en Barcelona, pero fue un fenómeno español porque desde el primer día –y también 40 años después– fue una publicación con vocación nacional, que siempre ha llegado y se ha leído –y se lee– en cualquier rincón del país y cuya evocación despierta respeto y admiración. Si una de las definiciones de noticias afirma que es «todo aquello que alguien no quiere que se sepa», durante cuatro decenios Interviú ha significado y significa eso para generaciones de españoles.

El primer número de Interviú, fechado el 22-26 de mayo de 1976, se vendió a 40 pesetas –26 céntimos de euro– y su diseño y contenido editorial todavía es sorprendentemente moderno, a pesar de las limitaciones técnicas –papel e impresión– de la época. Para la España de hace 40 años, que salía de una dictadura que, además de otras cosas, consideraba a los ciudadanos menores de edad, era revolucionaria una portada con la imagen de una atractiva modelo cubierta con una rebeca de macramé que permitía distinguir con bastante detalle sus pechos, un erotismo entonces escandaloso para algunos, aunque ahora aquella cubierta de la revista despierte sonrisas por su candidez. La anécdota es que, ni entonces ni ahora, nadie supo quién era la modelo. La fotografía fue adquirida a una agencia que no especificó quién había posado y luego, pasado el tiempo, no fue posible identificarla.

Interviú, desde aquel primer número inicial, enarboló la bandera de un nuevo periodismo de calidad, cargado de vitalidad y de denuncia, recetas clásicas, pero siempre nuevas, tan fáciles de enunciar como difíciles de realizar. «Un juez contra la corrupción»; «Montejurra: Estábamos ahí»; «Gallegos al poder»; «Las Vegas: mujeres, mafia y dinero» o «La rebelión de los homosexuales» fueron los temas –que con la excepción de Montejurra podrían ser titulares actuales– que figuraban en la portada de un semanario que, apenas unas semanas después de su aparición, ya se había convertido en un espectacular éxito periodístico y empresarial. Interviú superó muy pronto la cifra psicológica de los 100.000 ejemplares de venta –a veces en pocas horas tras su llegada a los quioscos– para alcanzar la cifra de un millón de copias vendidas en España. Los cinco primeros números de Interviú fueron un éxito y mantuvieron la fórmula inicial de una chica en la portada. Antonio Asensio, no obstante, quería perfeccionar el producto semana a semana y, así, para el número seis, de acuerdo con la dirección y la redacción, decidió dar un giro también innovador. Por este motivo la revista llegó a los quioscos, al principio de un caluroso verano, con una portada con una gran foto del sindicalista Marcelino Camacho, fundador de Comisiones Obreras y huésped habitual hasta hacía poco de las cárceles franquistas. Aparecía vestido con el famoso jersey de cuello vuelto. Las ventas cayeron en picado. Un desastre del que tomaron buena nota Antonio Asensio y su equipo de colaboradores, que decidieron que una belleza femenina sería el icono inmutable de las portadas.

Había que tener el oído muy cerca de la calle para saber lo que pedía en cada momento. «Nuestro éxito está en la calle», repetía con frecuencia el editor. Las ventas se recuperaron después del traspié con Marcelino, pero Asensio necesitaba y soñaba con un golpe que estremeciera la calle, que provocara un oleaje social, que señalara la singularidad de Interviú. Decidió buscar un tema de referencia que abriera la anchura de los caminos de la libertad.

El 22 de mayo de 1976 sale a la calle el primer número de la revista Interviú.

La portada de Marisol

Un día oyó decir que el fotógrafo César Lucas tenía fotos de Marisol desnuda o algo así. Le llamó. Efectivamente, César Lucas le confirmó que hacía cuatro o cinco años Marisol había posado para él. Cuando las vio, Antonio Asensio no podía creerlo, tenía ante sus ojos maravillados las fotografías de una Marisol bellísima, joven y frutal. Era el golpe que necesitaba la revista para dar el gran salto. César Lucas le explicó que Marisol, cuando todavía se llamaba Marisol, había posado para él en la finca que los Goyanes tenían cerca de Ocaña, y el todavía marido Carlos Goyanes estaba presente mientras Cesar Lucas enfocaba con su Hasselblad el cuerpo desnudo de la actriz. Las fotografías se hicieron para un proyecto de promoción en Río de Janeiro.

-Las daremos a toda portada – dijo el editor.
-¿En portada? Está desnuda – observó el fotógrafo.
-Ya la veo. Por eso daremos la mejor en portada.

Hasta entonces se habían publicado en portada fotografías de muchachas espléndidas, pero veladas por púdicas gasas y transparencias. ¿Pasará la censura? Se preguntaban. No estaba claro lo permitido y lo no permitido, dependía del capricho de los censores. Era una razón más para publicarla, ya que de ese modo se comprobaría hasta dónde llegaban los límites de la libertad y la tolerancia. Como decía Mao, el sabor de la manzana solo se conoce cuando se la come. La comerían.

En el primer número de septiembre, los españoles pudieron contemplar, en todo su esplendor, la belleza radiante del cuerpo desnudo de Marisol. Cuando se publicaron las fotos, la niña que ya no era una niña, había recuperado el nombre de Pepa, Pepa Flores, y estaba casada en segundas nupcias con el bailarín Antonio Gades, rebelde por muchas causas. La imagen de Marisol desnuda iba a significar un antes y un después de muchas cosas, un antes y un después para la propia revista. Marisol desnuda se convirtió en el icono de aquel tiempo de cambios, significaba la ruptura real y simbólica con su pasado y, en cierta manera, con el pasado de muchos españoles.

El éxito fue colosal, batió un record histórico de ventas y contribuyó a definir la identidad de la publicación. Dos años después procesaron a César Lucas por atentado contra la moral y escándalo público. Era un claro despropósito fuera de tiempo y fuera de lugar, como si la justicia se hubiera quedado en la cuneta de la historia. El fiscal pidió para César un año de cárcel y otro de inhabilitación. El juicio se celebró en Barcelona y la sentencia fue absolutoria e incluso en los considerandos se alababa la calidad artística de las fotografías.

Un golpe de éxito puede ser producto de la casualidad o de la suerte, mantenerlo y convertirlo en viable y permanente es fruto de un talento incansable y mucho esfuerzo. Antonio Asensio presidía los consejos de redacción cada semana en donde insistía que los periodistas de Interviú tenían que llegar antes, llegar más lejos y contar ángulos y detalles novedosos. Decidió invertir todos los beneficios en la empresa. Una parte en Interviú y otra en nuevos productos periodísticos siempre tuvo presente que no sería el editor de una sola revista, tuviera ésta el éxito que tuviera. Sabía que la inversión más rentable es la que se hace en el talento, pagó a sus redactores mejor que nadie y desequilibró el sector desde el punto de vista salarial. Obligó a otros editores a pagar más porque él lo hacía.

Con este aliciente se rodeó de una redacción joven, con una enorme capacidad para sacar noticias del subsuelo de la historia más o menos reciente y denunciar corrupciones que estaban a flor de piel en la sociedad. Un periodismo donde se combinara el rigor con la iconoclastia. La gran aventura de Interviú fue llevar siempre de la mano libertad y veracidad. Pero no todo iba a ser esplendor en la hierba, ni alabanzas al coraje de sus reporteros. El éxito en tan desmesuradas proporciones exige el pago de muchas aduanas. Y tanto el editor como los periodistas empezaron a comprobarlo cuando llegaron los primeros secuestros de la publicación, las mutilaciones de unas páginas para que pudieran circular las otras, las citas judiciales, las querellas, las presiones más sutiles y las más zafias.

Las mejores firmas

Después del hito Marisol, las espléndidas señoras que iban pasando por sus páginas eran cada vez más hermosas y famosas. Para muchas de ellas desnudarse era un acto de rebeldía contra la historia; en aquellos tiempos los desnudos trasmitían el lenguaje simbólico de la libertad. Entre las famosas que aparecieron figuran: Nadiuska, Amparo Muñoz, Ángela Molina, Sydney Rome, Patty Pravo, María Asquerino, Blanca Cuesta, Claudia Cardinale, Alexandra Mussolini y un etcétera interminable, aunque conviene hacer mención de dos mitos nacionales que también se desnudaron, Sara Montiel y Lola Flores.

Para que el cóctel Interviú fuera perfecto, Antonio Asensio se rodeó de una importante nómina de colaboradores que desde las páginas de Interviú se convirtieron en la conciencia crítica de la sociedad y analizaban los hechos desde una perspectiva brillante y original. Abría las colaboraciones en la tercera página Manuel Martín Ferrand con un artículo bajo el nombre genérico de Prisma en donde repasaba con acidez analítica los aconteceres sociales, políticos y económicos. En otras páginas brillaban: Camilo José Cela, Francisco Umbral, Manuel Vázquez Moltalbán, Emilio Romero, Nicolás Sartorius, Cándido, Luis del Olmo, José María García, Forges, Quino, Pedro Altares…

El mes de enero de 1977 se presentó con los viejos demonios familiares desatados y enfurecidos. El país se balanceaba en la angustia de la incertidumbre, el paisaje era desolador, por un lado los grupos fascistas protegidos por los camisas viejas del falangismo violento alistados en torno a los llamados Guerrilleros de Cristo Rey y otros grupos de análogas características. Por el otro, la extrema izquierda primaria actuaba a través de los sanguinarios GRAPO y FRAP que trataban de provocar que el ejército diera un golpe de Estado por aquello de cuanto peor, mejor. Y al fondo, siempre los asesinos de ETA matando en nombre de la mitología vasca.

Con las detalladas informaciones sobre aquellas semanas terribles, la revista aumentó sus cotas de credibilidad y popularidad. Las ventas aumentaban en cada número que se ponía en la calle. Tenía una influencia tremenda, por eso en las vísperas electorales todos los partidos buscaban su complicidad, pero Interviú proclamaba la neutralidad, aunque esa proclamación no quería decir una asepsia asexuada frente a la realidad política. La revista tenía un compromiso irrenunciable con la libertad y la democracia, por eso fue muy crítica con los partidos de corte falangista fascistoide cargados de nostalgias por el viejo Régimen.

Los Guerrilleros de Cristo Rey y las Brigadas del Amanecer pusieron a Interviú en su punto de mira, en un principio por la aparición en sus páginas de chicas desnudas o rodeadas de velos trasparentes, la calificaban de sucia y pornográfica, pero lo que realmente les irritaba, provocando sus iras devastadoras, eran los trabajos de investigación sobre las persecuciones y los asesinatos de gentes de izquierda perpetrados durante la Guerra Civil y también una vez acabada la guerra para consolidar la victoria aplastando y exterminando a los enemigos.

La tensión se convirtió en estridencia por unos reportajes sobre las actividades de la ultraderecha en el País Vasco. Las paredes de los alrededores de la redacción de Madrid y los quioscos de prensa empezaron a llenarse de pintadas amenazadoras que decían: «Interviú morirás», «rojos de mierda, os vamos a matar». Las amenazas llegaron hasta el entorno familiar de Antonio Asensio, algo verdaderamente preocupante.

No se admiten chantajes

De las amenazas pasaron a los hechos y comenzaron a quemar quioscos donde se vendía la revista, llegando a amenazar de muerte a los quiosqueros que siguieran distribuyéndola. Suspender la distribución en los quioscos suponía la muerte y desaparición de Interviú, ya que no había otra forma de llegar a los lectores. Cundió la alarma en los entornos de quienes trabajaban de una manera u otra en Interviú. Los directivos de la Asociación de Vendedores de Prensa de Madrid convocaron una reunión de emergencia para decidir si continuaban vendiendo Interviú o la retiraban de sus puestos de venta. Antonio Asensio seguía con preocupación los movimientos de los vendedores, pues de sus decisiones dependía su futuro como editor. En las distintas reuniones previas participaron de manera activa varios líderes ugetistas defendiendo que ceder al chantaje de la extrema derecha era renunciar a la democracia y a la libertad.

Como los actos vandálicos que causaban grandes destrozos en los quioscos no los cubrían las empresas de seguros porque los consideraban actos derivados del terrorismo, Antonio Asensio se comprometió a abrir una cuenta corriente con los fondos suficientes para cubrir los efectos de aquellos actos vandálicos. Interviú seguiría acudiendo a su cita con los lectores. Asalto ganado. Algo parecido sucedió con las centrales de compra de espacios publicitarios y con las agencias de publicidad. Los guerrilleros de Cristo Rey les escribieron cartas pidiéndoles que no financiasen con publicidad a la revista Interviú, si no querían correr la misma suerte que habían corrido algunos quiosqueros de Madrid. Con la intervención directa de Asensio y varios de sus directivos, el mensaje de que asfixiar a Interviú con la retirada de la publicidad era una manera de asfixiar la libertad de expresión, la situación se fue normalizando poco a poco y a las páginas de la revista fue llegando la publicidad que tenía que llegar.

A pesar del sitio y las amenazas a que les sometieron, Antonio Asensio y los periodistas que le rodeaban no claudicaron nunca, jamás pensaron en rebajar el tono del vigor agreste que les caracterizaba. No renunciaron a investigar temas de riesgo, ni a desarrollarlos de manera cruda y directa a pesar de las citaciones judiciales. Tenemos las pruebas era su grito de guerra para resaltar la veracidad de lo que contaban. Sobrevivió por el empuje del editor y el coraje informativo de sus redactores y colaboradores. Interviú estaba allí, realmente Interviú estaba en todas las partes donde se producían noticias impactantes. La decisión de mantenerla tal como era salvó la vida de la publicación. Haberla maquillado ajustándola a lo políticamente correcto la hubiera vaciado de sentido, condenándola a una muerte segura.

Nuevos proyectos

Antonio Asensio, a pesar del éxito clamoroso de Interviú, tuvo muy claro, desde el principio, que quería ser editor de varias publicaciones y nunca tuvo miedo al fracaso. Confiaba en su instinto y en sus posibilidades y, además, estaba dispuesto a rectificar cuando fuera necesario. El mercado sería el gran juez, que determinaría el futuro de cada publicación. Cuando un proyecto no funcionaba o dejara de funcionar lo sustituía por otro y procuraba integrar a los trabajadores en las nuevas apuestas. Surgieron ideas de todos los colores. Había que probar, en ocasiones con apuestas ambiciosas con vocación de durabilidad y otras con planes coyunturales como fue el caso de Emmanuelle, aprovechando el tirón de la película del mismo nombre. Al revés de Emmanuelle, la revista Qué fue fruto de un planteamiento muy planificado. Querían una revista sería, influyente y de calidad al estilo de Time, que era el producto más depurado en la materia. Reunieron a un buen plantel de redactores, muy reconocidos a pesar de su juventud. Al principio tuvo buena acogida, pero no logró consolidarse en un sector tan complicado y exigente. Para un grupo editorial como Zeta el humor resultaba atractivo, con la llegada de la democracia se había creado un ambiente adecuado para la risa.

La nueva revista se llamaba Jueves, aunque en un guiño de humor decía que salía los viernes. Por sus páginas pasó el talento de los humoristas más prestigiosos como Forges, Gin, Martín Morales, Perich y otros de parecido nombre y nivel. Gozó de una vida respetable y alegre, seguida por un abundante número de lectores. Al calor de la ola de erotismo que invadía el ambiente nació Lib como abanderada del nuevo destape en constante experimentación. Con el titulo de Etcétera se articuló un proyecto dedicado al hogar, a la decoración y al bricolaje. Bazaar-Siesta trató de emular a Playboy. En ella dejaron artísticas fotografías de las modelos españolas más cotizadas Oriol Maspons y José María Castellví. Y entre aquellos espacios de belleza escribieron Álvaro Cunqueiro, Terenci Moix, Roman Gubern o Manuel Puig. Después vinieron Reporter, que acogía cada mes grandes reportajes y Omni, una revista dedicada a la divulgación científica. Lo de Penthouse fue otra cosa, se trataba de que fuera la versión española del famoso mensual norteamericano de Bob Guccione. Los dos patrones llevaron las negociaciones.

Aparte de los citados, hubo otros títulos, algunos tan brillantes como fugaces, otros de recorrido más largo y estable. Pilotada por Antonio Asensio, Zeta era un horno donde se cocían los más variados proyectos en permanente dinámica creativa.

El primer diario

El Periódico de Catalunya, una vez consolidado el proyecto de Interviú, constituyó el segundo gran hito en la historia de Zeta y de la peripecia editorial de Antonio Asensio que, tras los primeros pasos, enseguida asumió el protagonismo y la responsabilidad total en el Grupo Zeta, hasta el punto de que la empresa y su máximo accionista llegaron a ser sinónimos de lo mismo. El fundador de Zeta siempre tuvo en la mente la idea de editar un diario y el éxito de Interviú le permitió acometer la iniciativa con rapidez. Cuando Antonio Asensio tomaba la decisión de poner en marcha un proyecto le dominaban las impaciencias por llevarla a la práctica. Tenía prisa. Demasiada prisa por hacer cosas, como si presintiera el poco tiempo que le reservaba el destino. A principios del año 1978 decidió dar el pistoletazo de salida al viejo sueño de editar un periódico. Lo habló con el limitado grupo de amigos y periodistas que le había acompañado en la aventura de Interviú, entre los que figuraba Manuel Martín Ferrand, al que había conocido cuando dirigía el Diario de Barcelona. Después de una larga charla sobre el futuro periódico, el periodista coruñés le preguntó:

– ¿Qué tipo de periódico quieres hacer Antonio?, ¿Un periódico de izquierdas o de derechas?
–Yo lo que quiero hacer es un periódico abierto y plural, no comprometido con nadie, que sirva a la verdad y que se convierta en el primer periódico de Barcelona antes de dos años –fue la respuesta inmediata del editor–.

La conversación terminó con la petición de Asensio de que le prepararan un plan de trabajo que planificara la salida del nuevo periódico. El editor, como siempre, quería imponer su ritmo, que era el de una celeridad espectacular, algo que tantas veces le hizo adelantarse a todos en casi todos los terrenos. Además, Asensio tenía en su mente otra revolución editorial: hacer un periódico doble: El Periódico de Catalunya, que se imprimiría en Barcelona, y El Periódico de Madrid, en la capital de España. Y no tardaría mucho en conseguirlo.

El 26 de octubre de 1978 llegó a los quioscos el primer ejemplar de El Periódico de Catalunya.

Apenas dos años y medio después de la fundación de Zeta, el 26 de octubre de 1978 llegaba a los quioscos el primer ejemplar de El Periódico de Catalunya. Y si Interviú fue una revolución, El Periódico sacudió los cánones y los usos de la prensa diaria española de la época, que tampoco volvería a ser la misma, en un país que arrojaba por la borda su pasado más rancio para abrazar con entusiasmo un futuro más libre y próspero. Gobernaba entonces Adolfo Suárez que, en junio de 1977 y al frente de la UCD (Unión de Centro Democrático), había ganado las primeras elecciones democráticas que se habían celebrado en España en 41 años y en las que el PSOE de Felipe González se convirtió en una auténtica alternativa de Gobierno, que luego accedería al poder tras una victoria abrumadora en 1982.

El Periódico de Catalunya fue también uno de los primeros diarios democráticos surgidos tras la muerte del general, en un nuevo escenario de libertad, y el único –junto con El País– que todavía hoy se edita y figura en el reducido grupo de grandes periódicos españoles, que ahora combinan el soporte tradicional en papel con su edición digital, que crece día a día. La aparición de El Periódico de Catalunya representó otra innovación periodística. Antonio Asensio y Zeta colocaron en el mercado un diario muy diferente a todos los españoles e incluso europeos que existían en aquel momento, con un diseño novedoso –el más imitado del final del siglo XX- y una línea editorial independiente.

Solo en Estados Unidos se podía encontrar en aquellos momentos un diario que tuviera algún parecido con El Periódico. El éxito, aunque no fue tan fulgurante como el de Interviú, también llegó enseguida y se consolidó entre los grandes por sus ventas como un periódico de referencia. Asensio, sin embargo, tropezó con una dificultad técnica que impidió que el éxito fuera todavía mayor. El objetivo era publicar el mismo diario simultáneamente en Madrid y Barcelona, con ediciones que solo se diferenciarían en su información local.

En 1978, sin embargo, el histórico «Puente Aéreo» de Iberia entre las dos capitales todavía no se había inaugurado y el viaje en tren o en coche no bajaba de las siete u ocho horas. Puede parecer prehistoria, pero entonces era prácticamente imposible transmitir páginas del periódico entre ambas ciudades, lo que obligaba a utilizar algún vuelo regular o a alquilar aviones para trasladar las planchas para imprimir. En las redacciones no existían los ordenadores, el «fax», ahora una reliquia desconocida por los más jóvenes, tampoco era fiable y, por supuesto, Internet era poco más que un proyecto embrionario de unos investigadores experimentales de universidades americanas orientados hacia el terreno militar.

Todos esos inconvenientes técnicos, que hoy parecen un juego de niños, impidieron la doble edición de El Periódico, en Madrid y Barcelona. Zeta se concentró en el diario que se elaboraba en Barcelona y prescindió de la versión madrileña. El Periódico de Catalunya, mientras tanto, crecía día a día con una salud vigorosa. Muy pronto la sociedad catalana y más en concreto la barcelonesa lo adoptó como propio, los jóvenes de una manera especial y también la clase trabajadora, que fue la piedra de toque para saber que estaban haciendo un periódico popular de calidad. La famosa gauche divine, integrada por jóvenes de la burguesía catalana que militaban en el antifranquismo desde distintas variantes de la izquierda y que tenía una notable influencia en la opinión pública de la época, lo acogió como su medio de información por excelencia. En la Catalunya de aquellos tiempos el signo de identidad progresista era el antifranquismo, salvo excepciones, el catalanismo era minoritario. Algunos de los nombres más sonoros de aquella corriente que ahora forma parte de los recuerdos míticos eran: Oriol Regás, Teresa Gimpera, Santiago Dexeus, Manuel Vázquez Montalbán, Montserrat Roig, Pascual Maragall, Carlos Barral, Rosa Regás o Elisenda Nadal. Esta muchachada emergente y brillante se vio reflejada y terminó identificándose con un periódico fácil de leer y con un contenido ideológico claro: popular y progresista.

Dos años después de su lanzamiento, en 1980, había alcanzado los 85.000 ejemplares de venta diaria y no tardaría en llegar a los 150.000. Mientras El Periódico se iba consolidando, otras veteranas cabeceras se iban hundiendo en las melancolías de la desaparición. El 24 de abril de ese año, titulaba a toda página: «Jordi Pujol ya es Honorable» y, en el tema del día, contaban minuciosamente los pasos que había dado para lograrlo, el pacto con la Esquerra de Heribert Barrera había sido clave, por eso en el subtitulo se dejaba claro: «Para satisfacer a Esquerra se compromete a reformar el estatuto».

El Periódico buscó y encontró un nuevo perfil de lector a la par que hacía un periodismo trasgresor. La idea de un diario diferente que había intuido Antonio Asensio se asentaba definitivamente todos los días en los quioscos. Su compromiso con la Constitución y la democracia quedó claro el 23 de febrero de 1981 cuando el teniente coronel Tejero dio un golpe bufonesco que pudo resultar trágico. Al día siguiente, desde la portada a seis columnas arrancaba un editorial titulado: «¡Viva la Constitución». Toda una profesión de fe. El propio Asensio, que no solía utilizar El Periódico para firmar artículos con su nombre, ese día rompió la norma y puso su nombre en el titulado: «Me siento orgulloso». En él escribía: «Desde la reflexión más profunda no puedo menos de admirar la soberbia lección de autoridad y democracia que nos ha dictado con su actuación don Juan Carlos de Borbón. El Rey no permitió la más mínima manipulación de lo elegido mayoritariamente a la hora de buscar una solución a la crisis».

En aquellos momentos El Periódico de Catalunya ya se había convertido en la publicación de referencia del Grupo Zeta y ahora es su gran buque insignia. La historia del origen del Grupo Zeta y sus 25 primeros años es inseparable –y con frecuencia indistinguiblede su fundador. Virgilio escribió hace 20 siglos que «la suerte ayuda a los audaces». Antonio Asensio, desde luego siempre tuvo la audacia necesaria, unida a una tremenda tenacidad y a un olfato especial para el periodismo y para los negocios. Y efectivamente, había que atesorar mucha audacia para lanzar un semanario nuevo en el muy abigarrado escenario de la información general y, todavía más, para hacerlo con vocación de liderazgo.

La audacia de Antonio Asensio

En mayo de 1982, cuando en un cuartel madrileño de Campamento eran juzgados los militares golpistas del 23-F, el Gobierno de Calvo Sotelo daba sus últimas bocanadas y a Felipe González y al PSOE apenas les quedaban unos meses para arrasar en las urnas, llegó a los quioscos el semanario Tiempo, que iba a ser el tercer gran hito en la historia todavía joven –apenas seis años- del Grupo Zeta. La declaración de intenciones fundacional de Tiempo no albergaba dudas: «Intentamos que usted, lector, no se aburra, ofreciéndole semana tras semana una información amena y creadora. Nuestro reto pasa por la imaginación. Mucho más que por el puñetazo sin contrastar».

El 17 de mayo de 1982 se edita el primer número del semanario Tiempo.

Tiempo heredó la tradición periodística –tan breve como intensa e innovadora– de Interviú y de El Periódico de Catalunya y en pocos meses volvió del revés el sector de las revistas de información general. Tan solo un par de años más tarde, Tiempo, con José Oneto de director –que sustituyó a Julián Lago-, ya era líder indiscutible de su sector, un lugar que casi 35 años después todavía conserva, a pesar de los cambios del mercado y de la sociedad, innovaciones tecnológicas incluidas.

La aparición y consolidación de Tiempo, junto con el desarrollo de otras publicaciones, elevó al Grupo Zeta a mediados de los años ochenta a la categoría de gran grupo de comunicación, respetable y respetado. Todo eso, además, mientras mantenía –y mantiene- la característica de negocio familiar, una vez que Asensio se quedó con la práctica totalidad del capital, pero un negocio familiar también con vocación global y sin fijarse ningún tipo de límites. El fundador de Zeta intentó y logró transmitir al Grupo Zeta su propio espíritu de que casi todo es posible si se trabaja con esfuerzo, pasión y talento y se buscan los medios necesarios.

Antonio Asensio, avanzada la segunda mitad de la década de los años ochenta del siglo pasado, ya era un gran empresario de la comunicación y el Grupo Zeta un pequeño-gran imperio en su sector. Tras los grandes éxitos de Interviú, El Periódico de Catalunya y Tiempo, y también de otras operaciones no tan espectaculares, como el semanario La Revista, dirigido por Jaime Peñafiel, que no cuajó porque en lugar de inspirarse en Paris Match decidió hacer una nueva versión de Hola. Asensio no renunció a este tipo de publicación y dos semanas después, ilusionado con un nuevo proyecto, llegó a la redacción se quitó la chaqueta y comenzó a ejercer de redactor jefe.

Un buen ‘Panorama’

La nueva revista Panorama salió a la calle dos semanas después. El editor tenía alma de redactor jefe. El siguiente paso fue la expansión del Grupo Zeta en la prensa regional. Zeta había dejado pasar la oportunidad de hacerse con varias cabeceras de provincias cuando el ministro de Cultura del primer Gobierno de Felipe González, Javier Solana, puso a la venta, en 1984, los diarios que formaban parte de la llamada Prensa del Movimiento. Zeta no participó en ninguna de las cuarenta subastas públicas que el Gobierno sacó a la venta. Ni se lo planteó, hasta que dos años más tarde y por unas circunstancias bastante curiosas, La Voz de Asturias, que corría el riesgo de desaparecer se puso a su alcance.

En noviembre de 1988, Editorial Extremadura se incorpora al Grupo Zeta.

La compra en la que intervinieron muchos actores fue complicada, pero al final se firmó y Antonio Asensio tomó la determinación de seguir creciendo en ese mercado, pero sin prisas, solo cuando se presentaran oportunidades claras y en 1988 consideraron que con el Extremadura, la oportunidad parecía clarísima. El diario era propiedad del Obispado de Coria y de la Caja de Extremadura y pasaba serias dificultades económicas. Al saber que el comprador era el Grupo Zeta, el obispado puso bastantes reticencias de tipo moral sobre la línea que podía seguir el periódico. Superadas las reticencias episcopales Zeta adquirió el Extremadura, y al cabo de un tiempo lo bautizó como El Periódico Extremadura y con esta incorporación empezó a gestarse en el grupo una división de Prensa Diaria. Analizado el potencial en ese campo de la información, Antonio Asensio decidió jugar a fondo y con el ímpetu habitual. De ese entusiasmo arranca la decisión de poner un periódico en Zaragoza, una ciudad tan vinculada a la memoria sentimental de Antonio por el origen aragonés de su padre. No era fácil abrirse un hueco en una región donde reinaba con dominio absoluto el Heraldo de Aragón, dueño y señor del mercado. Fundar un periódico nuevo era una aventura más que arriesgada, tanto que todas las opiniones le auguraban el fracaso. Antonio Asensio apostó fuerte y se implicó con apasionada vehemencia en el proyecto, primando la parte sentimental sobre la racional y El Periódico de Aragón salió a la calle el 23 de octubre de 1990. El siguiente en sumarse a la división de Prensa Diaria fue Mediterráneo, el periódico líder en Castellón. Zeta tuvo que hacer elásticos equilibrios circenses para terminar haciéndose con el 51% de las acciones, que luego llegarían al 70% de una publicación que resultaría muy rentable. En este tipo de negociaciones Antonio Asensio se crecía y hacía que sus colaboradores también crecieran.

El 23 de octubre de 1990 sale a la calle el primer número de El Periódico de Aragón

Crece la prensa diaria

El fundador del Grupo Zeta era un gran aficionado al fútbol, tanto, que incluso llegaría a controlar varios clubs de Primera División, entre otros el Mallorca y el Málaga. Por eso, era inevitable su participación en la prensa deportiva y aprovechó una oportunidad para adquirir el diario Sport, fundado en 1979 por José María Casanovas y Antonio Hernáez. La división de prensa llevaba un ritmo de crecimiento frenético. Deprisa, deprisa, parecía la contraseña. En aquella caza de piezas notables se puso a tiro el Córdoba, el diario líder indiscutible de la provincia del mismo nombre. Una verdadera institución en la ciudad, por eso le aparecieron varios novios al saber que estaba en venta, al menos una parte del capital. Entre ellos figuraba Prisa y comenzó una jugada de ajedrez kafkiana entre unos y otros, en la que participaron, además de Zeta, la Junta, el Obispado y el canónigo Miguel Castillejo, el hombre más poderoso de la provincia como presidente de CajaSur. Cuando parecía que los papeles estaban listos para firmar surgía una nueva complicación. Al final quedó legalizado el resultado en la notaría con un 69% para Zeta y el 31% para CajaSur, presidida por Castillejo.

Más adelante, otras cabeceras de la potente división de Prensa fueron El Periòdic d’Andorra, El Periòdic d’Ontinyent, Ciudad de Alcoy, El Adelanto de Salamanca que terminó vendiéndose y el deportivo Equipo de Zaragoza. Entre todos formaban una poderosa división de infantería en el campo de la prensa diaria.

Zeta, en el último tercio del siglo XX, fue también el primer gran grupo editorial español que eligió la vía de agrupar y consolidar un conjunto de revistas en un área de negocio específico, lo que le convirtió a los pocos años de su nacimiento en líder del sector. Interviú y Tiempo fueron las pioneras y también los portaaviones para el lanzamiento de futuras publicaciones, que llegaron poco a poco. Así aparecieron Man y Woman, pioneras en su momento tanto en el sector masculino como en el femenino, a las que se unirían otras más especializadas como Viajar o Primera Línea. Luego, y ya en siglo XXI, además de incorporaciones al Grupo como el semanario Auto Sport, la factoría Zeta puso en el mercado otras publicaciones como las revistas Cuore -un éxito espectacular desde el primer número- e In Touch, en el segmento denominado del corazón, aunque con características muy propias.

El 10 de mayo de 2006 sale al mercado la revista Cuore.

Los «arggg» de Cuore, situaciones embarazosas o curiosas del día a día en las que son sorprendidos famosas y famosos fue una manera nueva de abordar una serie de asuntos informativos. Si Interviú y Tiempo revolucionaron sus respectivos sectores a finales de los años 70 y principios de los 80 del siglo XX en sus respetivos ámbitos, Cuore también lo hizo en el suyo en pleno siglo XXI. Shopping y Stilo completan la oferta del Grupo Zeta en el segmento de publicaciones de moda, junto a la tan veterana como joven Woman que, como desde su inicio, marca tendencia en un mercado muy competido. Digital Camera, en el área tecnológica y Cartoon Network, Neox Kidz y Disney Channel, en el infantil, completan la oferta de publicaciones periódicas que Zeta coloca en los quioscos.

Revistas de empresa

El Grupo Zeta, por otra parte, a principios de los años 80 del siglo XX, fue el impulsor -prácticamente el inventor- de todo un nuevo segmento de publicaciones que, con el paso del tiempo, ha tenido un desarrollo espectacular. Son las llamadas publicaciones corporativas, también llamadas revistas de empresas, toda una rareza hace casi cuarenta años y algo casi imprescindible hoy en día para cualquier empresa mediana o grande.

Son publicaciones en las que las compañías dan cuenta a sus accionistas, clientes, proveedores, etc, de sus actividades y a través de las cuales también les ofrecen servicios, sin dejar a un lado la captación de más negocio. Para las empresas, editar este tipo de publicaciones es una actividad extraña a su principal negocio y, por eso, como ocurre en todos los países del mundo, encargan a un tercero -un grupo editorial- la elaboración de estas publicaciones, siempre bajo su supervisión última.

Zeta se estrenó en este segmento con una publicación que ha llegado a ser emblemática y una de las editadas en castellano más leídas y difundidas por todo el mundo. Se trató de Ronda Iberia, la revista que la compañía Iberia facilita a los pasajeros en sus aviones. Ronda, sin embargo, solo fue el principio de una actividad que creció de forma exponencial, hasta el punto de que, hoy, Zeta elabora y edita medio centenar de las llamadas publicaciones corporativas, tanto en formato tradicional, en papel, como en formato electrónico.

Con Ronda Iberia, el Grupo Zeta crea la unidad de publicaciones corporativas.

España es un país que ha experimentado cambios espectaculares en los últimos cuarenta años. Entre ellos, aunque ahora parece algo prehistórico, la aparición de las televisiones privadas, a partir del final de la década de los años 80 del siglo pasado. Hasta entonces, el panorama televisivo -el mismo en el que hoy conviven cientos de canales de todas características- se reducía a la primera y segunda cadena de Televisión Española y a unas muy incipientes televisiones autonómicas. Cuando el Gobierno de Felipe González anunció que concedería licencias de televisión privada, Antonio Asensio no dudó ni un solo instante. El futuro era la televisión y Zeta debía hacerse un hueco en ese universo. Era, obviamente, el desarrollo natural de un gran grupo editorial, centrado hasta entonces en las publicaciones impresas, porque el desarrollo de las audiovisuales dependía de autorizaciones/concesiones gubernamentales. Ni tan siquiera, como ocurre hoy, se podía adquirir en el mercado una emisora o cadena de televisión, simplemente porque no existían. Una vez más, el sector era tan nuevo en España que todavía no había llegado.

El reto de la televisión

Cuando el Gobierno anunció que concedería licencias, Antonio Asensio buscó socios para el Grupo Zeta y poder acometer conjuntamente un proyecto que precisaba importantes recursos y medios, tener garantizada una producción y, en su caso, su posterior comercialización.

Al final, Asensio pactó con el magnate internacional de la comunicación Rupert Murdoch, con quien conjuntamente -Murdoch y Zeta- crearon «Univisión Canal 1», con el único objetivo de presentarse al concurso de licencias privadas de televisión, obtener una y empezar la actividad lo antes posible. El proyecto elaborado era sólido económica y profesionalmente y estaba entre los favoritos para obtener una de las tres licencias que se iban a conceder. Sin embargo, el 25 de agosto de 1989, el Gobierno de Felipe González -en una decisión muy discutida dentro y fuera del Gabinete- descartó la oferta de «Univisión Canal 1» y dejó a Zeta fuera del negocio de la televisión. Fue «nuestro Pearl Harbour», como dijo Antonio Asensio que, a pesar de todo, no se dejó avasallar, ni se quedó con los brazos cruzados. Tres años después, surgió la segunda oportunidad televisiva. Zeta, a principios de los años 90 ya era un gran grupo de comunicación, nacido y consolidado con independencia, al margen de gobiernos y cualquier clase de poder público. Por eso, y porque era inevitable, en 1992 accedió a la actividad y al negocio televisivos. Antena 3 TV era una de las licencias que el Gobierno había concedido a uno de los grupos empresariales que participó en el concurso en el que Zeta quedó preterida. Antena 3 TV, sin embargo, en sus primeros años de vida no había logrado convertirse en un canal puntero frente a los dos de la televisión pública y a su competidor privado en abierto, Tele 5. Además existía Canal+, pero era de pago y codificado y su audiencia minoritaria.

Por último, Antena 3 TV vivía varias guerras internas simultáneas entre los profesionales que estaban al frente de ella, los gestores y la propiedad que, para salir del embrollo, decidió vender el canal. Fue entonces cuando Antonio Asensio vio su oportunidad, consiguió los recursos económicos necesarios y adquirió  la mayoría del capital. El Grupo Zeta daba un paso de gigante.

En junio de 1992, el Grupo Zeta adquiere la mayoría del capital de Antena 3 TV.

Antena 3 TV, el éxito

En junio de 1992, con el telón de fondo de los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Expo Universal de Sevilla, los llamados «fastos del 92», en el apogeo de la era González, Antonio Asensio se sentaba en el sillón de la presidencia de Antena 3 TV para, inmediatamente, dar un vuelco a la emisora y protagonizar otro episodio de éxito tan fulgurante como espectacular. Apenas dos años más tarde, en abril de 1994, los frutos estaban sobre la mesa.

Antena 3 TV no solo había cambiado la trayectoria y ganado imagen, sino que también consiguió, por primera vez en la historia, superar la audiencia de la primera cadena de TVE. Era también la primera vez que una televisión privada lograba más audiencia que la «tele» española de toda la vida. Un hito que, poco antes, muchos consideraban un sueño imposible. Zeta y Asensio acababan de acceder, por derecho propio, al Olimpo de la comunicación española.

Los buenos tiempos para Zeta en Antena 3 TV tampoco duraron demasiado. El gran sueño terminó abruptamente cuando otro Gobierno, en este caso el de José María Aznar, maniobró y presionó –amenazas legales incluidas- a Asensio hasta que vendió todas sus acciones de la cadena, para que Antena 3 TV se integrara en un proyecto de grupo multimedia -afín, amigo y dócil- de carácter pro-gubernamental que lideraba Telefónica.

La compañía que entonces presidía Juan Villalonga -amigo del colegio de Aznar, aunque más tarde la relación terminaría mal- tuvo todas las facilidades y los apoyos para comprar Antena 3 TV y así apartar a Asensio y a Zeta, siempre independientes, que no encajaban en un proyecto que quería tutelar de cerca el Gobierno. La aventura televisiva del Grupo Zeta terminaba así, entonces, con un sabor amargo, que era en definitiva el precio de la independencia. Si un Gobierno del PSOE no concedió una licencia de televisión a Zeta, otro, del Partido Popular, maniobró lo indecible hasta que logró que Zeta dejara de controlar una televisión.

El revés político-audiovisual, aunque fue un contratiempo, no paralizó la actividad de Zeta, que en los últimos años del siglo XX siguió su expansión por otras áreas. En 1987 se había creado el holding «Grupo Zeta» -con personalidad jurídica propia- para atender al desarrollo de todo el conglomerado empresarial.

Hasta entonces, aunque la propiedad fuera la misma y estuviera en manos de la familia Asensio, una larga serie de sociedades mercantiles, más o menos independientes entre sí, eran lo que se conocía como Grupo Zeta, que entonces agrupaba una decena de diarios, dos semanarios, una quincena de revistas mensuales, 30 de carácter corporativo, 80 diarios gratuitos locales, varios centros de impresión propios y otros en construcción, una editorial -Ediciones B- y una prometedora Unidad de Nuevos Negocios. Todo ello, nacido y desarrollado en poco menos de diez años, precisaba un andamiaje organizativo, jurídico y empresarial, de una gran empresa, que fue lo que le dio la creación del holding Grupo Zeta. En la práctica, lo que había empezado en 1976 como «Ediciones Zeta» -sociedad que todavía existe- se convertía en «Grupo Zeta».

En la primavera del 2000, Antonio Asensio empezó a encontrarse mal, sentía un profundo malestar que no se explicaba por las pocas décimas de fiebre, pero el malestar no disminuía sino que aumentaba. Notaba un extraño silbido en la cabeza. Acudió al prestigioso doctor Brugarolas, que le sometió a varias pruebas, entre ellas una resonancia magnética. El informe elaborado por el médico era preocupante: un tumor cerebral. Habló con su familia. Su mujer, Chantal, siempre a su lado, junto con sus hijas Ingrid, Jessica y la pequeña Jennifer, que le rodearon de cariño y su hijo Antonio, que entonces tenía 19 años. Comprendió que se había hecho mayor de repente.

3 de noviembre del 2000

Poco a poco, Antonio Asensio lograba contener un tiempo al enemigo interno e invisible. A pesar de todo, quería resistir y resistió hasta el 3 de noviembre porque era un día muy importante para él, soñado durante mucho tiempo. Fue una especie de testamento empresarial. Había comenzado en una pequeña imprenta familiar y ahora el Rey iba a inaugurar la nueva planta impresora del Grupo Zeta en Parets del Vallès, a pocos kilómetros de Barcelona. La más moderna de España, un hito tecnológico en la ciencia y el arte de imprimir. Graficas de Prensa Diaria significaba un salto cualitativo y cuantitativo en la aventura como editor y empresario de la comunicación de Antonio Asensio. La enfermedad y la quimioterapia empleada para combatirla le habían devastado físicamente, pero allí estaba como un valiente para despedirse en aquel escenario donde su obra continuaría para siempre. Además del Rey, habían confirmado su asistencia más de quinientos invitados, los más altos representantes de la política, de la edición, de las finanzas y prestigiosos intelectuales. Antonio, que llegó sostenido por el brazo de su hijo, era consciente de que tenía que administrar con avaricia las escasas fuerzas. Se encerraron en el despacho del director de la planta. Le preguntaba al joven Antonio, tan preocupado como él, si aguantaría. El hijo le daba ánimos al tiempo que le iba informando de quiénes habían llegado, de quiénes llegaban y de quiénes faltaban todavía por llegar. El president Jordi Pujol acudió con puntualidad protocolaria a la hora anunciada. Lo recibió el vicepresidente del Grupo, Francisco Matosas que también había recibido al vicepresidente del Gobierno Mariano Rajoy, un político que siempre le había demostrado un cordial afecto al editor. Cuando anunciaron que faltaban unos minutos para la llegada del Rey, Antonio Asensio se puso en pie con la firme voluntad de bajar a recibirlo él. Había llegado la hora de medir los límites de sus fuerzas. Apoyado en el brazo del hijo bajó titubeante, pero sin dudar, las diez escaleras que le llevaban al punto de encuentro con Su Majestad. Se dieron un largo y emotivo abrazo. Era la primera vez que se encontraban después de la enfermedad. El Rey le prestó su brazo para ayudarle a subir las escaleras. Ya en el espacio donde se iba a desarrollar la breve ceremonia, Antonio Asensio leyó dos cuartillas donde agradecía la presencia del Rey, destacó que las rotativas de la nueva planta estaban al servicio de la libertad de expresión, del entendimiento de las personas y de la defensa de las ideas democráticas que emanan de la Constitución y encarnan la Corona de España y la Generalitat.

El 3 de noviembre del año 2000 Su Majestad el Rey D. Juan Carlos inaugura la nueva planta de impresión de Parets del Vallès, la más moderna del sur de Europa.

El Rey firmó en el libro de honor y después inició un recorrido por las enormes naves. Antonio Asensio no se atrevió a acompañarle, volvió al despacho con su hijo, mientras los directivos del Grupo Zeta le enseñaban y explicaban los detalles técnicos de la planta. La cifra que más impresionó a don Juan Carlos fue que la rotativa podía imprimir 10 millones de páginas en color por hora y 3.600 ejemplares por minuto. En el despacho donde aguardaban el regreso de Su Majestad, padre e hijo comentaban lo cariñoso que había estado el Rey con él y de cómo estaría haciendo el recorrido por la planta. «Ya falta poco» repetía el editor. Antes de despedirse, el Rey le dijo a Antonio que estaba admirado con lo que había visto y oído. Se dieron un intenso abrazo de despedida, mientras don Juan Carlos le decía que esperaba encontrarle bien la próxima vez que le viera. Aquel acto inaugural, con la presencia y la simbólica sanción real, sintetizó y era -de alguna manera- el reconocimiento a la obra de Antonio Asensio y del proyecto del Grupo Zeta. Aquella inauguración de la planta de Paret del Vallès fue la última aparición pública de Antonio Asensio Pizarro, que fallecería, cinco meses después, a los 53 años, cuando su mente todavía estaba cargada de proyectos y de sueños de futuro. Demasiado joven. Todo lo había hecho rápido, demasiado rápido. Dejaba tras de sí una obra inmensa.

Una empresa familiar

El Grupo Zeta es –y lo fue prácticamente desde sus inicios– una empresa familiar. Por eso, la desaparición de su fundador no fue un punto y aparte en la historia de la compañía, sino un punto y seguido. Casi la mitad de las empresas familiares ni tan siquiera resisten la llegada de la segunda generación, aunque también es cierto que en España apenas el 13% de las empresas –ya sean familiares o no– supera los 20 años de vida. Los datos del Instituto de Empresa Familiar, la institución que agrupa a las principales empresas familiares y del que forma parte el Grupo Zeta, son contundentes.

El estudio La empresa familiar en España (2015) explica que en España hay 1,1 millones de empresas familiares, que son el 89% del total de empresas existentes en el país. Pues bien, el 45,7% de ese 1,1 millones de compañías está encabezada por la primera generación de la familia que se dedica a esa actividad. Menos de la mitad, el 44,2%, sobrevive en manos de la segunda generación de la familia. Apenas un 7,4% llega a la tercera y un muy exiguo 2,6% de esas compañías sigue en manos de la misma familia en la cuarta generación.

Zeta, avanzado el siglo XXI, ha superado ya varios de esos retos o reválidas. La empresa celebra ahora mismo sus cuarenta años, de los que quince han estado protagonizados y pilotados por la segunda generación familiar, personalizada en Antonio Asensio Mosbah, presidente del Grupo Zeta e hijo de aquel hombre que, en nombre de la libertad, fue por delante de la llegada de la democracia a España. Los datos están ahí y no ofrecen dudas: la primera generación de la familia estuvo al frente de la empresa 25 años y la segunda lleva ya más de 15. Todavía más, Asensio Mosbah sería la tercera generación si se considera que su abuelo, Carmelo Asensio tuvo un taller de impresión en Barcelona que fue donde a su padre, el impulsor de Zeta, le entró el gusanillo de la edición y, de ahí, su pasión por los medios de comunicación.

No obstante, lo más exacto es considerar que al frente del Grupo Zeta está la segunda generación familiar, entre otros motivos porque la empresa del abuelo era otra compañía y no se pueden establecer lazos societarios de continuidad entre aquella y el grupo actual. Sin embargo, sí es el mismo espíritu empresarial, presente en una tercera generación de la misma familia, desarrollado además hasta cierto punto en el mismo sector de actividad.

Antonio Asensio Pizarro fue un visionario de la información y, sobre todo, un emprendedor. La peripecia empresarial de su hijo, Antonio Asensio Mosbah, no es menos importante. Su primera decisión laboral y empresarial, en enero de 2001, cuando solo tenía 20 años fue una decisión de nada menos que de ¡seis millones de euros! El joven estaba en un hotel de Torrevieja (Alicante), porque su padre permanecía ingresado en la UCI (Unidad de Cuidados Intensivos) del Hospital San Jaime, donde el doctor Antonio Brugarolas acababa de poner en marcha y dirigía la denominada Plataforma Oncológica, uno de los centros europeos más avanzados en el tratamiento de este tipo de dolencias.

Primera decisión empresarial

Antonio, desde que conoció la gravedad de la enfermedad de su padre y que las esperanzas de recuperación ni tan siquiera llegaban al uno por ciento, quiso permanecer a su lado el mayor tiempo posible. Allí no pensaba nunca en el futuro ni en los negocios. Lo único que le interesaba era aferrarse a esa mínima posibilidad de que su padre se recuperara. Sin embargo, también allí, y de una forma igualmente abrupta tuvo que adoptar su primera decisión como empresario, cuando recibió una llamada de alguien que se identificó como Mateo Alemany.

Mateo Alemany era el presidente del Real Club Deportivo Mallorca, equipo de fútbol entonces de la Primera División española que, en aquellos momentos, era propiedad de Antonio Asensio –e indirectamente de Zeta– que fue el primer empresario español que comprendió las enormes posibilidades de negocio –a través de la comunicación- que ofrecía el deporte del balón. En la plantilla del Mallorca figuraba el jugador de origen serbio Jovan Stankovic desde hacía varios años.

El equipo estaba en un buen momento y su entonces entrenador, Luis Aragonés, no contaba demasiado con el futbolista balcánico. Alemany, nombrado presidente del Mallorca por Antonio Asensio, había hecho algunas gestiones para buscar destino al jugador y el Atlético de Madrid se mostró interesado. Jesús Gil, presidente del equipo madrileño, quería hacer las cosas deprisa, como siempre. Gil le ofreció a Alemany mil millones de pesetas –seis millones de euros– por Stankovic, pero exigía cerrar el acuerdo «ya». Alemany presidía el Mallorca, pero este tipo de operaciones nunca las remataba hasta tener el visto bueno del propietario, Asensio, que ahora estaba en un hospital. Y lo único que se le ocurrió fue llamar a su hijo.

Antonio Asensio Mosbah, que sí conocía a Alemany, atendió aquella llamada. El presidente del Mallorca le explicó lo que ocurría y que, en esos casos, siempre consultaba con su padre qué decisión adoptar, pero que como estaba ingresado en el hospital, la única alternativa que tenía era recurrir a él. La cuestión era clara: «¿Aceptamos o no la oferta del Atlético de Madrid por Stankovic?». Alemany, de pronto, acababa de traspasar toda la responsabilidad de una decisión empresarial de calado a un muchacho que no había cumplido los veinte años y que solo estaba preocupado por el estado de salud de su padre.

La venta de un futbolista y mil millones de pesetas –seis millones de euros– en juego. Desde luego, no era una bagatela y el joven Asensio tenía la última palabra. De repente, tenía que aprobar o descartar una operación de envergadura con rapidez.

Antonio Asensio Mosbah, años después, cuando evocaba su brusco bautismo empresarial, recordaba que llamó a algunos de los colaboradores más directos de su padre para tomar una decisión. Todo fue muy rápido y en poco más de una hora, Antonio Asensio Mosbah dio luz verde para que Alemany y el Mallorca siguieran adelante con la operación de venta de Stankovkic al Atlético de Madrid. Aquel día, casi sin darse cuenta, cuando todavía no había cumplido los 20 años, Antonio Asensio Mosbah empezó a ser y a ejercer de empresario. Fue el inicio de una carrera que ya ha rebasado los 15 años y que representa, en tiempo, el 40% de toda la historia del Grupo Zeta.

Asensio Mosbah enseguida decidió que quería continuar con el negocio familiar de Zeta. Tuvo que conocerlo a fondo poco a poco, mientras recibía ofertas de compra muy interesadas de quienes pensaban que un joven que daba sus primeros pasos empresariales no sabría dirigir el negocio y preferiría vender. Tuvo que lidiar también con amigos y menos amigos que le ofrecían consejos a menudo contradictorios e incluso mantuvo conversaciones con otros grupos editoriales encaminadas a cerrar algún acuerdo global.

Antonio Asensio, sin embargo, cada vez más convencido conforme tenía más experiencia y conocía mejor el negocio, decidió seguir adelante en solitario con el Grupo Zeta, apoyado desde el primer momento por Francisco Matosas, que siempre estuvo junto a su padre y más tarde, también por Joan Llopart, vicepresidente del Grupo y que ha sido muy importante en el desarrollo de la empresa en los últimos años hasta su fallecimiento en 2015. También muy pronto aprendió a hacer frente a las adversidades, algo que le resultaría muy útil casi desde el principio.

Nuevos negocios

El joven Asensio Mosbah quería ampliar los horizontes de Zeta y explorar nuevos campos de la comunicación. En 2004, el Grupo Zeta adquirió un 20% de «20 Minutos España», empresa editora de 20 Minutos, el diario líder de la información general gratuita en España. Años después, Zeta volvería a ceder –con beneficios– esa participación que, en la práctica, fue uno de los verdaderos primeros pasos de la compañía en su segunda época. También en esas fechas llegó el primer revés, que no significó ningún coste económico, pero que sí le sirvió de aprendizaje empresarial y político a Antonio Asensio Mosbah. El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero anunció que concedería otra licencia de televisión. Era una asignatura pendiente histórica para Zeta, desde que quedó apartada en la concesión que abrió la puerta de la televisión privada en España.

El Grupo Zeta anunció su deseo de pujar por la que luego sería La Sexta. Sin embargo, como grupo independiente, tropezó con las suspicacias del poder político. Zeta, finalmente, recibió una oferta para participar en el proyecto de La Sexta, pero como accionista minoritario, tras una inversión multimillonaria y sin ninguna capacidad de decisión. Antonio Asensio Mosbah, que a pesar de sus 24 años ya tenía más que una cierta experiencia empresarial, supo lo que tenía que hacer y rechazó una oferta que no le aportaba nada. Lamentó el desenlace, pero sabía que habría otras oportunidades. En sus reflexiones aparecía un país, España, en el que hay dos tipos de grupos de comunicación, los que se han hecho a sí mismos y los que se han hecho gracias al Gobierno de turno. «Y nosotros –comenta con frecuencia– pertenecemos al primer grupo y no encajamos en el segundo».

La independencia y la libertad, es cierto, siempre han tenido un precio. Por otra parte, la historia volvería a repetirse, porque La Sexta también tendría sus problemas y, al final, acabaría adquirida por un tercer grupo audiovisual. El Grupo Zeta celebró su 40 aniversario consolidado como uno de los grandes grupos de comunicación españoles. Zeta, que ha transitado con éxito por los difíciles años de la crisis económica que ha padecido España a principios de la segunda década del siglo XXI, factura 200 millones de euros, de los que un 53% procede de la venta de ejemplares –en papel y en formato digital–, un 37% de la publicidad también en distintos soportes –con un crecimiento espectacular en formato digital–, mientras que el 11% restante corresponde a otros ingresos. Es decir, una estructura de negocio muy equilibrada, en pleno proceso de transformación del sector.

El área de Prensa Diaria del Grupo Zeta agrupa a ocho diarios que suman 1,2 millones de lectores diarios, 165.000 ejemplares de difusión media, 11,5 millones de usuarios únicos/mes, 1,8 millones de seguidores en Twitter y 1,6 millones de «amigos» en Facebook.

Destaca, como buque insignia de las publicaciones, El Periódico de Catalunya, con sus ediciones en castellano y catalán, que figura entre los cinco diarios de más difusión e influencia de España. El diario, con cerca de cien mil ejemplares de venta media diaria, ha protagonizado un espectacular crecimiento en sus ediciones digitales, que ya rondan los ocho millones de usuarios únicos/mes.

La prensa diaria

Los diarios Córdoba, editado en Córdoba; Mediterráneo, en Castellón; El Periódico de Aragón, en Zaragoza; El Periódico Extremadura, en Cáceres, y La Crónica de Badajoz, en Badajoz, completan el área de diarios de información general, que se complementa con los diarios deportivos Sport y La Grada, ambos editados en Barcelona. El primero de ellos es una referencia obligada para los más «culés», mientras que el segundo ocupa una posición similar entre los seguidores del Real Club Deportivo Espanyol, es decir, entre los «periquitos».

En junio de 1992, el diario Sport pasa a formar parte del Grupo Zeta.

Sport, por otra parte, que forma parte de Zeta desde 1992, fue casi desde sus orígenes un diario diferente e innovador. Fue el primer periódico deportivo que se presentó en público sin careta. Es decir, defendía –y defiende– sin tapujos los colores de un club de fútbol, en este caso, los del Barcelona. En su momento, aquello fue una verdadera novedad. Nadie se había atrevido, de forma explícita, a tanto, aunque el público conociera de qué pie cojeaba cada uno. La misma filosofía se aplicó posteriormente a La Grada.

Grupo Zeta, que cuenta en la actualidad con 13 publicaciones en siete segmentos editoriales diferentes: Moda (Woman Madame Figaro, Woman Shopping y Stilo), Corazón (Cuore y Rumore), Viajes (Viajar), Motor (AUTOhebdo Sport), Tecnológicas (Digital Camera), Masculinas (Primera Línea) e Infantiles (Cartoon Network, Neox y Disney). En total, dos millones de lectores, 3,5 millones de usuarios únicos y 30 millones de páginas vistas. Todo ello hace que Zeta sea hoy en día –y lo haya sido durante años- el mayor y más importante grupo editor de revistas de España.

De la publicidad a lo digital

La publicidad es consustancial con los medios de comunicación y su gestión es capital. Por eso, el Grupo Zeta tiene una empresa dedicada específicamente a esa actividad, Zeta Gestión de Medios, que se encarga en exclusiva de comercializar la publicidad, tanto en papel impreso como en soportes digitales, de los diferentes medios del Grupo y también de algunos otros que contratan sus servicios para acceder con mayor facilidad y eficacia al mercado publicitario.

Zeta Gestión de Medios tiene la capacidad de ofrecer a los anunciantes soportes que suman 1,3 millones de lectores diarios, con una difusión al día que ronda los 200.000 ejemplares y, en el área digital, 13,6 millones de usuarios únicos al mes. En total, siete diarios impresos y 21 soportes online.

El universo digital, inevitablemente, es una de las más recientes áreas de desarrollo del Grupo Zeta, impulsado directamente por Antonio Asensio Mosbah, un verdadero experto y entusiasta de las nuevas tecnologías, convencido de que durante un largo periodo pueden convivir los medios tradicionales con los digitales, pero consciente de que el futuro es, sobre todo, digital.

En la búsqueda estratégica de un equilibrio entre la actividad tradicional y la digital, ya más que emergente, Zeta ha concentrado sus iniciativas y ha destinado inversiones para potenciar, de forma escalonada, la versión digital de las principales publicaciones del grupo.

El Periódico de Catalunya (elperiodico.com), con un total de 6,8 millones de usuarios únicos, es el gran portaaviones del Grupo Zeta y uno de los medios que marca tendencia entre los diarios españoles en la red de redes. La web de El Periódico es una de las más modernas que existen en España y destaca, junto con su facilidad de acceso y uso, que está en permanente actualización, con información propia y novedosa. Se complementa con las de los diarios regionales del Grupo Zeta, con la ventaja añadida de que todas se complementan e interactúan entre sí. Hay que añadir la web del diario deportivo Sport (sport.es), con casi 4,5 millones de usuarios únicos, que completa la oferta de diarios de Zeta en Internet.

Por otra parte, las webs de Woman (woman.es) y Cuore (revistacuore.com) han sido por ahora, en el segmento de revistas, las últimas en adoptar un modelo nuevo y totalmente adaptado al entorno digital que, rápidamente, han registrado un crecimiento exponencial de visitas y usuarios únicos, que ha llegado a rozar el 300% de incremento en el último año en el caso de Woman. La apuesta de Zeta por la actividad digital –siempre en equilibrio con las versiones tradicionales en papel– se mantendrá, con inversiones importantes, con el objetivo de la adaptación y renovación permanente de las ediciones digitales de sus principales productos, que se completará con próximos relanzamientos de las versiones digitales de otras de sus publicaciones. Todo ello amparado en el convencimiento de que las ediciones en papel y las digitales son sobre todo complementarias y que ambas, con sus particulares características, convivirán durante mucho tiempo.

Zeta, además, está presente en una serie de líneas de negocio que tienen una gran proyección. Por una parte, Código Nuevo (codigonuevo.com) es un innovador medio de comunicación ya de referencia para la llamada generación «Y» (los millenians) que se distingue, entre otras cosas, por su lenguaje y tonos propios. Código Nuevo publica, de forma diaria y permanente, artículos sobre temas de actualidad, vida, dinero, entretenimiento, humor, moda y deportes a través de nuevos formatos –de contenidos y comerciales-, con una estrategia centrada en las redes sociales y la generación «Y» como público objetivo.

El Grupo Zeta tiene una participación accionarial importante en «Media 4 Equity» a cambio de publicidad en startups sobre todo de naturaleza tecnológica, con un modelo de negocio B2C o B2B2C, es decir, e-commerce, servicios al usuario, etcétera. Además, entre la cartera de participadas, figuran más de 20 startups, entre las que destacan Wallapop o Eshop.

Y más allá de las inversiones individuales en el área digital, Zeta es miembro de «Media Digital Venture», primer fondo de «Media for Equity» creado en España, y se complementa con una de las llamadas «aceleradoras de proyectos», que promueven participaciones activas, apoyo y acompañamiento a nuevas iniciativas digitales.

Zeta Audiovisual, por último, es una de las nuevas áreas de actividad, impulsada personalmente por Antonio Asensio Mosbah, presidente del Grupo Zeta, quien desde muy joven se sintió atraído por el mundo del cine y soñaba con ser director. Cuando al finalizar COU le plantea a su padre que quiere hablar de su futuro, el editor le dice algo que nunca le había dicho:

– Ven al despacho.

Y allí, en un entorno que no le es muy familiar y que le parece algo solemne, expone sus planes:

– Papá, quiero estudiar dirección de escena; le dijo un día en el despacho del editor.
Antonio Asensio Pizarro es posible que lo esperara, pero en cualquier caso no tenía dudas sobre el futuro de su hijo.
– Mira, primero cursas una carrera seria y luego estudias lo que quieras.
– ¿Y por qué no estudio las dos a la vez?, ¿me dejas?, razonó el joven.
El editor no cedió. Siempre estuvo muy preocupado por la educación de su hijo y, por ejemplo, se había encargado de que hablara inglés con fluidez antes de ir a la universidad.
–Cursa una carrera seria, la que prefieras, y cuando acabes te prometo que podrás estudiar lo que quieras.

El joven sabía que no podía ganar ese pulso y accedió a los deseos de su padre, pero tenía sus propios planes. Eligió estudiar Ciencias Empresariales e ideó una estrategia consistente en sacar muy buenas notas y, entonces, volver a plantearle que, a partir del segundo año, le permitiera compaginar esa carrera con los estudios de cine. La grave enfermedad de Antonio Asensio y su fallecimiento cambiaron los planes de su hijo.

Premio Antonio Asensio

Asensio Mosbah tuvo que aplazar y también adaptar sus planes originales, al tener que afrontar la responsabilidad de encabezar el Grupo Zeta tras la desaparición de su padre, al que quiso homenajear creando el Premio Antonio Asensio de Periodismo que, a lo largo de ocho ediciones galardonó el compromiso de distintas personas e instituciones en la defensa de la libertad de expresión. Han sido premiados el diario La Repubblica (Italia), la BBC (Inglaterra), el diario The ThimesPicayune (Nueva Orleans, EEUU), Reporteros sin Fronteras, Antonio Franco, exdirector de El Periódico, TV3, televisión autonómica catalana, la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa), e Ignacio Ramonet, director de la edición en castellano de Le Monde Diplomatique. Sin embargo, y ya como empresario al frente de un gran grupo, siempre pensó en ampliar las actividades y desarrollar el sector cinematográfico. No había podido estudiar dirección de escena, pero sería productor y distribuidor.

Reactivó una antigua sociedad creada a finales de los años noventa, Zeta Audiovisual y, a partir de 2004, la impulsó primero como distribuidora cinematográfica y más tarde como productora de cine y televisión. Ha producido programas y series de ficción para Antena 3 TV, TVE, Televisión Autonómica Valenciana y Aragón TV.

El cine, sin embargo, era el gran reto pendiente y que Antonio Asensio Mosbah quería encarar con garantías. Mortadelo y Filemón: misión salvar la tierra, en 2008, fue la primera gran producción cinematográfica de Zeta Audiovisual y se convirtió en uno de los grandes éxitos de taquilla de aquel año. Superior a las mejores previsiones, aconsejó que Zeta creara una filial específica, Zeta Cinema, S.L., que surge con la vocación de convertirse en la empresa líder española de producción cinematográfica y con el objetivo de encontrar el siempre difícil equilibrio entre el cine de mayor calidad y el éxito comercial. La filosofía de Zeta Cinema, S.L. se concentra en desarrollar una producción propia que encauce las inversiones dirigidas a proyectos audiovisuales con garantías de éxito, con la participación en todas las fases de gestión integral. En resumen, cine de calidad con vocación de tener también éxito de público.

El público –y también la crítica exigente– dio la razón desde el principio al proyecto de Zeta Cinema, como demuestra un repaso somero a las principales producciones y a sus cifras de recaudación, que son el mejor termómetro del éxito. Mortadelo y Filemón: Misión salvar la tierra, de Miguel Bardem, en 2008, fue el primer aldabonazo, con una recaudación de 7,71 millones de euros. Luego, a un promedio de uno al año por lo menos, llegarían otros éxitos entre los que destacan, por orden cronológico, Tres metros sobre el cielo (2010), de Fernando González Molina, con 9,95 millones de euros de recaudación; Tengo ganas de ti (2012), de Fernando González Molina (11,96 millones); Zipi y Zape: el club de la canica (2013), de Óskar Santos (5,2 millones); Ahora o nunca (2015), de María Ripoll (8,27 millones) o la recién estrenada El hombre de las mil caras, de Alberto Rodríguez. Además, en estos momentos, Zeta Cinema tiene en marcha una serie de importantes proyectos en sus distintas etapas de producción. La última película estrenada ha sido No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas, de María Ripoll; Las leyes de la termodinámica, de Mateo Gil o Algo muy gordo, de Ramón Salazar.

El Grupo Zeta, en definitiva, al cruzar el Rubicón de sus primeros 40 años de existencia, afronta el reto de seguir en la vanguardia del sector editorial español como uno de los grupos mejores, más influyentes y rentables, con la combinación de los negocios originales tradicionales y los más recientes llegados con la irrupción de las nuevas tecnologías. El futuro, aunque se comprenda y se anticipe, hay que construirlo, como hizo hace cuarenta años Antonio Asensio Pizarro, que no esperó la llegada de la democracia y que trabajó para que estuviera ahí, y como quiere hacer y hace desde hace ya 15 años Antonio Asensio Mosbah porque, en definitiva, como decía Popper, «todo depende de nosotros mismos», una filosofía muy arraigada y que aplican todos los días quienes hacen y forman parte del Grupo Zeta. Hay riesgos, sí, pero como escribió el poeta Hölderling, «allí donde anida el peligro, crece también la salvación». Una historia de libertad y de futuro escrita con la letra Zeta por dos generaciones diferentes de la misma familia, que ahora lidera con entusiasmo Antonio Asensio Mosbah.